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sábado, 30 de junio de 2012

1520: los aztecas gobernados por Cuitláhuac expulsan de la ciudad de Tenochtitlan a los conquistadores españolas, en la llamada Noche Triste.

                             UN DÍA COMO HOY 30 DE JUNIO


   


 1520: los aztecas gobernados por Cuitláhuac expulsan de la ciudad de Tenochtitlan a los conquistadores españolas, en la llamada Noche Triste. (Se conoce como La Noche Triste a la derrota sufrida por las huestes españolas de Hernán Cortés a manos de las tropas aztecas en la noche del 30 de junio de 1520 a las afueras deTenochtitlan (hoy Ciudad de México).)






El día 8 de noviembre de 1519, Cortés y su ejército entraron en la capital del Imperio azteca, México-Tenochtitlan. El emperador Moctezuma II, rodeado de la nobleza mexica, lo esperaba. Cortés se apeó para abrazar al señor de los mexicas; pero Cacamatzin, señor de Texcoco, y Cuitláhuac, señor de Iztapalapa, lo impidieron, ya que el soberano mexica era intocable. Cortés se quitó un collar de margaritas y cuentas de vidrio y lo puso en el cuello de Moctezuma II, mientras los príncipes aztecas, después de engalanar a Cortés con flores, le colgaron un collar de caracoles del que pendían camarones de oro. 


Después del recibimiento, Hernán Cortés fue hospedado en el palacio de Axayácatl, situado en el centro de la isla-ciudad. Una vez instalados los españoles en el palacio, surgió la idea de construir su propia capilla y, puesto que Moctezuma se había negado a que la erigieran en el Templo de Huitzilopochtli, resolvieron levantarla en su alojamiento, previo permiso del emperador. Buscando los capitanes el mejor sitio para emplazarla, un soldado que era carpintero notó en una pared la existencia de una puerta tapiada y encalada de hacía pocos días. 


Entonces recordó que se murmuraba que en aquellos aposentos, Moctezuma tenía depositados los tesoros que había ido reuniendo su padre, Axayácatl. Allí entraron Cortés y algunos capitanes y, tras la vista de un enorme tesoro, Cortés ordenó que se volviera a tapar. Empezó a inquietarles la posibilidad de que fueran asesinados. Cuatro capitanes y doce soldados se presentaron a Cortés para hacerle presente la conveniencia de capturar al emperador y mantenerlo como rehén. No llegó a haber ningún principio de acuerdo en esta idea. No obstante, una noticia precipitó la resolución.